Juzgados y montaña ¿nos entienden a los montañeros en los Tribunales?

Desde hace más de diez años he tenido la suerte (o la mala suerte, depende de cómo se mire) de ser protagonista en muchos casos judiciales que tenían como nexo de unión diferentes actividades practicadas en la montaña.

Si hay algo que he aprendido es que, las modalidades más “judicializadas” son principalmente los barrancos, el rafting y las actividades en las que se producen accidentes como consecuencia de deficiencias en instalaciones deportivas (indoor o outdoor). Curiosamente las actividades técnicas (salvo la ya señalada del barranquismo) no suelen dar lugar a demasiada judicialización.

Una explicación a esta escasa judicialización de determinadas modalidades deportivas, las más técnicas, tiene mucho que ver con la falta de especialización de los actores jurídicos.

Partamos del hecho de que cada vez hay más practicantes de deportes de montaña. Derivado de esto, la siniestrabilidad es mayor, en consecuencia, también lo son las reclamaciones. De todos los casos que entran en nuestro despacho, una gran mayoría (diría que un 75%) se resuelven sin ir a juicio, pero al 25% restante no le queda más remedio que acudir a los Tribunales en busca de una solución. No comparto esta tendencia hacia la “americanización” del sistema deportivo, en el que se busca individualizar la responsabilidad siempre en alguien y se presentan demandas en pos de una suculenta indemnización, pero no debemos olvidar que existen muchos casos, la inmensa mayoría en los que nosotros hemos sido partícipes, que sí tienen un objeto legítimo.

Volviendo a la afirmación que hacíamos al inicio. Lo que hemos visto en nuestras visitas a los Tribunales es la falta de especialización de todos, sin excepciones, los operadores jurídicos, puede suponer una ventaja si sabemos exponer bien nuestros alegatos, pero también pueden implicar un riesgo en el litigio cuando los jueces, principalmente, no se esfuerzan por conocer las características de nuestro deporte o no sabemos explicárselas.

Pensemos que en muchas ocasiones es muy complicado hacerle entender a un juez la diferencia entre un “grigri” un “ocho” o un “reverso” y las implicaciones que en un accidente puede tener el uso de uno u otro aparato. Esta dificultad de comprensión se suple con las ganas que ponga Su Señoría en el estudio del pleito pero también hacen mucho la especialización de abogados, peritos, aseguradoras y, principalmente, los informes de la policia judicial (GREIM generalmente).

El hecho de que la gente no se anime a demandar en accidentes en determinadas especialidades o que se pierdan o ganen pleitos con dificultad o, incluso, de la falta de criterio a la hora de otorgar indemnizaciones por algunas aseguradoras, tiene mucho que ver con el desconocimiento que tiene la mayoría de profesionales del mundo de la montaña y de sus implicaciones jurídicas.

En muchos casos es el juez el que desconoce el mundo del derecho deportivo, pero en otras son los peritos (con nula formación en deportes de montaña) (aquí tiene mucho que decir la asociación de peritos de montaña) los que pueden hacer decantar la balanza hacia uno y otro lado.

Pero si hay algo que se percibe es la falta de previsión y de análisis de los accidentes que hacen las aseguradoras. Estas generalmente consultan al supuesto responsable (que generalmente aconseja viciado por una visión poco objetiva) cuando lo que deberían hacer es analizar el supuesto con especialistas deportivos y jurídicos que pudieran aportar un análisis objetivo. Probablemente si tuvieran esta previsión, favorecerían que el lesionado no tuviera que acudir a los tribunales y a la vez rebajarían las cuantías indemnizatorias a través de procedimientos de negociación y evitarían costas e intereses. Pero existe el caso contrario (aunque los menos), de aseguradoras que pierden dinero e indemnizan casos que posiblemente no hubiera que indemnizar.

Pues si los jueces no están especializados y depende de su talante que pongan más o menos interés en la resolución del pleito, las aseguradores no se dejan aconsejar y los peritos no son expertos, en muchas ocasiones observamos que tampoco los abogados tienen la suficiente experiencia o formación que les permita abordar el pleito de forma exitosa para los intereses de su cliente.

¿Nos entienden en los tribunales a los montañeros? La respuesta, a la vista de lo dicho hasta ahora, ha de ser casi siempre negativa. Debemos abogar por una especialización de todos los operadores jurídicos que favorezcan una mayor negociación prejudicial y una mayor seguridad jurídica que permita litigar con solvencia y rigor y crear una jurisprudencia de alcance que sirva de referencia a un futuro que, visto lo visto, crecerá en numero de sentencias como está creciendo nuestro deporte.

Alejandro López – Abogado

Máster en Derecho de Montaña – Máster en Derecho Deportivo

Montañas con carnet de socio

Tenía yo un colega que cada vez que salía al monte tenía que llevar una segunda mochila con toda la documentación que portaba, por si acaso. Al DNI le acompañaban dos tarjetas de crédito, la tarjeta de la seguridad social, el carnet de conducir, varios cartones de fidelización y un numero indeterminado de carnets comerciales. Podía dejar voluntariamente en casa alguna de aquellas que menos usaba, pero nunca jamás olvidaba la tarjeta federativa.

Mi colega era previsor hasta decir basta. Cada quince de diciembre pasaba por el club con la firme intención de renovar su tan ansiada tarjeta. No concebía salir al monte el día 1 de enero y no tener la licencia, por lo menos tramitada y si no llevaba físicamente el “plastiquito”, por lo menos acarreaba un papel que acreditase que era orgulloso miembro de la Federación en cuestión.

Dios los cría y ellos se juntan. Mi colega salía siempre con el mismo chaval. Una de esas almas libres y románticas que por no cargar, ni las llaves del coche llevaba, que solía dejar en el único sitio donde cualquier “caco” iría a mirar: la rueda del coche.

Nunca jamás los oí discutir. Personajes tan distintos, almas tan divergentes, seres tan contrarios entre sí como que uno iba al monte “asegurado” y el otro “no”. Y así pasaron los años hasta que “don Pepito y don José” como podríamos llamarlos, tuvieron la necesidad de llamar al helicóptero y se dieron cuenta de que, en Suiza, tienen la “helvética” costumbre (nada extraña por otra parte en los tiempos que corren) de querer cobrar por la prestación de un servicio, y resulta que además de las licencias federativas, antes de subirse al “pájaro” les pidieron la tarjeta de crédito. No hará falta decir que, querido lector, uno tenía de más y el otro de menos y por mucho que intentaron ir a “escote” y cargar todo en la licencia del más precavido, a los suizos eso no les coló. No estaban en España.

Y lo cierto es que en nuestro país pronto empezaron a sacar listas de precio en los rescates (depende la Comunidad Autónoma, pero eso es otra historia que ya hemos discutido veces y sobre la que no me voy a parar). Y así llegaron los gloriosos años 2010 y siguientes y los corredores de montaña se multiplicaron, los senderistas crecieron exponencialmente y los escaladores poblaron la tierra. Y en 2020 ocurrió algo que nadie había pensado antes, que un virus nos devolvería a nuestra vida mortal y nos haría volver al campo, a los pueblos y a colonizar las montañas, de donde habíamos salido escapando décadas atrás.

Resulta que ahora parece que los rescates se incrementan, que salir al monte está de moda y que los rocódromos en España han pasado de cuatro salas de colegas a más de 200 centros deportivos de alto standing. Pues sí, señores, no nos sorprenda lo que estamos viviendo. Algunos no saldrán de las salas indoor, pero no podemos obviar que el fenómeno de salir a la montaña a lo bruto, sin preparación, sin planificación y sin educación previa (a todos los niveles) ha llegado para quedarse y…

¿Qué va a ocurrir a partir de ahora? Pues yo se lo explico.

En 1994, tras la celebración de los juegos olímpicos de “Barcelona ´92” se vive en España una explosión de la práctica deportiva que da lugar a un incremento nunca antes visto del deporte de competición. Todo el mundo quiere jugar al fútbol, al baloncesto, practicar natación o atletismo. Se crean instalaciones deportivas, nacen clubes y ligas y se fomenta el deporte de base. Con motivo de todo ello y en aplicación de la ley del deporte de 1990, se promulga una norma que regula el seguro deportivo obligatorio, con la finalidad de dotar al competidor (y solo al competidor) de un seguro que garantice su asistencia sanitaria y, por qué no decirlo, para liberar de pacientes las sobrecargadas unidades de urgencias y rehabilitación de la sanidad pública.

Esto se hace en la década de los 90 ante el auge del deporte… que a nadie le extrañe que en pocos años y ante el desmedido crecimiento de los rescates, del impacto ambiental y de la proliferación de accidentes deportivos en el medio natural, alguien proponga que para salir al monte haga falta cargarse con un seguro deportivo o licencia federativa que cubra la asistencia sanitaria y el rescate. Tiempo al tiempo. Cosas peores se han visto.

Ya lo decía mi colega: yo sin seguro, al monte no salgo.

Alejandro López

Abogado

¿Puedo saltarme el cierre perimetral en Galicia solo por estar federado?

Ya lo venimos diciendo desde octubre… solo para casos justificados de entrenamiento para competición oficial y la propia competición oficial. Estar federado no es un salvoconducto que todo lo permite como ocurrió durante el mes de mayo y junio.

Os dejamos el texto de la Xunta publicado hoy (fuente FGT). Valido para Galicia.

Texto envíado por la Xunta de Galicia:
Na data de onte publicouse o Decreto 3/2021, do 13 de xaneiro, polo que se modifica o Decreto 202/2020, do 3 de decembro, do presidente da Xunta de Galicia, polo que se adoptan medidas no territorio da Comunidade Autónoma de Galicia para facer fronte á crise sanitaria, na condición de autoridade competente delegada no marco do disposto polo Real decreto 926/2020, do 25 de outubro, polo que se declara o estado de alarma para conter a propagación de infeccións causadas polo SARS-CoV-2, e a orde Orde do 13 de xaneiro de 2021 pola que se modifica a Orde do 3 de decembro de 2020 pola que se establecen medidas de prevención específicas como consecuencia da evolución da situación epidemiolóxica derivada do COVID-19 na Comunidade Autónoma de Galicia, a través dos cales se adoptan novas medidas preventivas do contaxio da COVID-19.
Con carácter xeral recoméndase restrinxir ao máximo a interacción social e que os encontros queden limitados unicamente á unidade de convivencia, limitándose a mobilidade o máximo posible.
Neste senso, esta é a óptica ou criterio sobre os que ten que pivotar o desenvolvemento da actividade deportiva federada, nun momento de excepcionalidade e que a evolución da pandemia esixe ser extremadamente cauteloso e responsable.
Aínda con todo, o deporte federado nas normas citadas segue a estar dotado dun status propio, polo que a súa práctica segue a estar permitida debendo de axustarse ao disposto nos respectivos Protocolos aprobados segundo o modelo Fisicovid-Dxtgalego.
Non obstante, isto non implica que as excepcións nas limitacións impostas sexan totais senón que é preciso que se baseen en causas xustificadas.
Así con respecto as restricións de mobilidade de ou cara ás localidades con peches perimetrais mantense o mesmo criterio interpretativo que ata o de agora, considerándose situación xustificadas:

Quedan exceptuados de tales limitacións aqueles desprazamentos, adecuadamente xustificados, que se realicen en cumprimento de obrigas laborais e profesionais, conforme o disposto na letra b) do número 3 do punto primeiro do Decreto 179/2020, do 4 de novembro, e na letra d) do número 1 do artigo 5 do Real decreto 926/2020, do 25 de outubro.

Con relación a “Calquera outra actividade de análoga natureza, debidamente acreditada”, previsto na letra k) do número 3 do punto primeiro do Decreto 179/2020, do 4 de novembro, e na letra h) do número 1 do artigo 5 do Real decreto 926/2020, do 25 de outubro, considéranse xustificados os desprazamentos para a realización dun adestramento vinculado á participación nunha competición incluída no calendario oficial da correspondente federación deportiva e/ou pola participación nunha competición deste tipo. Neste suposto deberase de acreditar:

Que non existan alternativas de realización do adestramento e/ou da celebración da competición nun ámbito territorial que non exixa un desprazamento afectado polas limitacións á liberdade de circulación vixentes.

Que o desprazamento se realice por algunha ou algunhas das seguintes persoas:

Por persoas deportistas federadas de alto nivel, de alto rendemento deportivo ou incluídas en programas de tecnificación e rendemento deportivo, recoñecidas polo Consejo Superior de Deportes ou pola Secretaría Xeral para o Deporte.

Por  outras persoas deportistas federadas, respecto de competicións de ámbito estatal ou de ámbito autonómico non profesional cun calendario aprobado para a tempada 2020/2021.

 As persoas técnicas  ou adestradoras das persoas deportistas incluídas nos apartados anteriores.

Que a persoa que se desprace porte, durante o desprazamento, un certificado da correspondente federación ou club deportivo federado onde se certifique a condición do/a deportista e a causa da exención ás restricións de mobilidade.

Con respecto ao cumprimento á limitación da mobilidade nocturna entre as 22:00 h e as 06:00h, como regra xeral e en atención á situación epidemiolóxica actual esta hora debe de respetarse, polo que os adestramentos e competicións deben de rematar un pouco antes das 22:00 h, permitíndose o desprazamento con posterioridade para o regreso ao domicilio habitual.