Esquí de montaña en estaciones de esquí: lo que hasta ahora no habíamos pensado

Cuando leo artículos y comentarios sobre el “peligroso uso” de las pistas de esquí por parte de los esquiadores de montaña, el debate siempre está centrado en si se puede o no se puede, si es legal prohibir o no, si las estaciones están en su derecho a impedir el acceso o por el contrario, deberían favorecer la libertad de tránsito por cualquier lugar.

Lo que nadie hasta ahora ha pensado (o por lo menos, no por escrito) es en la responsabilidad de unos y otros, esquiadores y estaciones de esquí, en relación con el uso consentido o inconsentido de las pistas de esquí para practicar nuestro amado “SKIMO”.

Hagamos una clasificación de responsabilidades:

Responsabilidad del esquiador en pista donde no existe regulación

En principio, salvo estaciones privadas, tal y como señalaba Iñigo Ayllón en su magnífico artículo de Desnivel, surgen dudas sobre la legalidad de establecer prohibiciones o regulaciones a través del cobro de tasas en las estaciones de esquí destinadas a los esquiadores de travesía que no hacen uso de los remontes mecánicos.

En cualquier caso, de no existir regulación ni tasa, no habría inconveniente en el uso de las pistas, siempre que tengamos clara nuestra responsabilidad: en caso de siniestro provocando daños a un usuario con forfait, de demostrarse que nuestra conducta fue causa del mismo, seríamos responsables civiles, toda vez que desarrollamos nuestra actividad en contra de la actividad habitual y normal prevista para el uso adecuado de la instalación. Reitero que en todo caso sería necesario demostrar el nexo causal pero juega en nuestra contra ese “uso habitual y adecuado” que la costumbre establece para las pistas de esquí.

Responsabilidad del esquiador en pista donde sí existe regulación

En caso de someterse a una tasa o regulación por parte de la estación, la conducta del esquiador ya no sería contraria al uso adecuado de la instalación siempre que no se saliera del trazado marcado por la estación, por lo que, en caso de siniestro podría ser más difícil demostrar la responsabilidad de éste y más sencillo que no existiera responsabilidad.

En cambio sí podría llegar a existir responsabilidad del esquiador alpino en caso de provocar un accidente a un esquiador de montaña, siempre que haya nexo causal y se demuestra que el primero ha actuado negligentemente o fuera del uso concedido en el forfait.

Responsabilidad de la estación en pistas donde no existe regulación

Salvo situaciones de riesgo provocadas por la propia estación (incorrecto mantenimiento de los elementos e instalaciones propias de la estación, avalanchas provocadas, accidentes provocados directamente por personal de la estación), entiendo que sería difícil imputar responsabilidad a la estación por el uso “inconsentido” y no habitual de las pistas de esquí por parte de un esquiador de montaña. En estos casos, como en muchos otros, los esquiadores de montaña asumimos el riesgo inherente a nuestra actividad y debemos ser conscientes de ello.

Responsabilidad de la estación en pistas donde sí existe regulación

Y llegamos al quid de la cuestión.

Desde hace meses, diría incluso que desde hace años, algunas estaciones de esquí han pasado a cobrar tasas/precios a los esquiadores de montaña, no sólo por el afán recaudatorio y de control de nuestra actividad, sino que muchas de estas instalaciones publicitan como “nuevos itinerarios”, incrementando con ello la superficie del dominio esquiable, múltiples itinerarios de “fuera pista” “free ride” o “esquí de montaña”.

Se trata de un arma publicitaria, pero como todo servicio hay que responsabilizarse de lo que se está ofreciendo al usuario.

Bajo mi punto de vista, si la estación cobra o, sin cobrar, publicita este tipo de itinerarios, no sólo sería responsable por las situaciones de riesgo provocadas por ella misma (como en el caso anterior), sino que sería responsable de cualquier situación de riesgo del esquiador de montaña que le provocara un perjuicio, al igual que ampara y protege al esquiador alpino.

Hasta ahora las estaciones han tratado de echar balones fuera con la excusa de que ellos responden únicamente por las pistas pisadas y preparadas, pero si indicamos itinerarios de travesía (aunque no los pisemos) los publicitamos y nos beneficiamos de ello, la estación deberá ser responsable de TODOS los usuarios.

De nada sirven cláusulas de exención de responsabilidad, carteles informativos cuando se cobra una tasa o precio por el uso de la instalación o se publicita y se incorpora en el plano de pistas dando la posibilidad de usar itinerarios “alternativos” al sistema tradicional de esquí alpino.

Sin embargo, si serían válidas otras fórmulas intermedias que desde este despacho hemos pensado en algunas ocasiones:

¿Cuál sería la fórmula para regular el uso de los esquiadores de montaña, publicitar los itinerarios y evitar en mayor parte la responsabilidad de la estación, se cobre o no por ello?

Se trataría de no vender ni publicitar el itinerario como un añadido/aliciente de la estación sino como un recorrido alternativo para esquiadores de montaña que lo que pretende y busca sería evitar el riesgo al esquiador alpino y evitar accidentes. Si lo planteamos de este modo, la regulación de las pistas e itinerarios de esquí de montaña serían menos gravosos para la estación desde el punto de vista de la responsabilidad. En caso contrario, la responsabilidad es plena, más si se cobran tasas.

Todo lo anterior nada tiene que ver con el cobro de un canon para los esquiadores de montaña, cuestión con la que estoy totalmente en contra, más si pensamos que si esto fuera así y lo que se justifica es que el pago de un precio es necesario por el uso que se hace de las pistas por parte de los esquiadores ¿Cómo es que el forfait únicamente da derecho a usar los remontes mecánicos? ¿Cómo es que el forfait es sólo un bono-transporte? ¿Cómo es que el IVA que cobran las estaciones de esquí es el reducido de transporte? ¿No deberían aplicar el 21% si lo que se incluye con el forfait es el uso de las pistas?

Todas estas contradicciones darían para otro artículo. Por ahora debemos centrarnos en la responsabilidad de cada uno, un tema del que hasta ahora nadie parece haberse preocupado.

Alejandro López Sánchez

Abogado – Máster en Derecho Deportivo / Máster en Derecho de Montaña

http://www.campoiv.es

http://www.lopezsanchez.com

Abogados especialistas en Derecho Deportivo y Derecho de Montaña

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Responsabilidad de la Junta Directiva de un club deportivo

Cuando nos ofrecen la posibilidad de colaborar con nuestro club, formando parte de la junta directiva del mismo o, incluso, nos postulamos para presidente, nunca nos planteamos hasta donde llegaría nuestra responsabilidad jurídica.

Curiosamente, siendo un tema que debería preocuparnos, más teniendo en cuenta el tipo de actividades que desarrollamos desde nuestros clubes, la presencia de guías benévolos, la gestión de rocódromos, la organización de actividades y viajes de aventura, o la contratación de trabajadores y cumplimiento de las normas legales, se trata de una cuestión tabú o desconocida para la mayoría.

Tendemos a responder a la pregunta basándonos en la existencia de un seguro de responsabilidad civil o la cobertura que tenemos del propio club, que no tiene ánimo de lucro, que la Junta Directiva no cobra y demás excusas que, lógicamente, no tienen un amparo legal directo en caso de responsabilidad, culpa o negligencia.

Lo primero que tenemos que tener claro es que un club de montaña desarrolla actividades de riesgo por lo que lo primero que tenemos que tener es un seguro que cubra nuestra responsabilidad civil y garantice la indemnización a la víctima, pero ¿qué ocurriría si la cobertura del seguro no es suficiente?

Hemos de distinguir, en primer lugar, la responsabilidad penal derivada de la comisión de un hecho tipificado como delito o falta y que supondría la aplicación de una sanción penal, la responsabilidad civil que será la que tratemos en este post, y la responsabilidad administrativa, que también deberemos tener en cuenta en nuestras relaciones con las instituciones.

En primer lugar, en relación con la responsabilidad civil, debemos señalar que un club no es una sociedad limitada, que responde únicamente (salvo responsabilidad de los administradores sociales) con el patrimonio social, sino que un club como asociación que es, responde no solamente con su patrimonio, sino con el de los miembros de la Junta Directiva en determinados casos. Los socios, no responden.

De este modo, Artículo 15 de la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación señala que

  1. Las asociaciones inscritas responden de sus obligaciones con todos sus bienes presentes y futuros.
  2. Los asociados no responden personalmente de las deudas de la asociación.
  3. Los miembros o titulares de los órganos de gobierno y representación, y las demás personas que obren en nombre y representación de la asociación, responderán ante ésta, ante los asociados y ante terceros por los daños causados y las deudas contraídas por actos dolosos, culposos o negligentes.
  4. Las personas a que se refiere el apartado anterior responderán civil y administrativamente por los actos y omisiones realizados en el ejercicio de sus funciones, y por los acuerdos que hubiesen votado, frente a terceros, a la asociación y a los asociados.
  5. Cuando la responsabilidad no pueda ser imputada a ningún miembro o titular de los órganos de gobierno y representación, responderán todos solidariamente por los actos y omisiones a que se refieren los apartados 3 y 4 de este artículo, a menos que puedan acreditar que no han participado en su aprobación y ejecución o que expresamente se opusieron a ellas.
  6. La responsabilidad penal se regirá por lo establecido en las leyes penales.

Por lo tanto, por ejemplo en caso de un siniestro en el que se demuestre la responsabilidad del club y/o de la Junta Directiva, el orden y requisitos para que opere la responsabilidad iría en este orden:

1.- Responderá el seguro de RC del club.

2.- Responderá el club con su patrimonio social.

3.- Responderán los miembros de la Junta Directiva sólo en los casos previstos

Para que exista responsabilidad de los miembros de la Junta Directiva es necesario que se den los siguientes supuestos contenidos en el artículo 15.3 de la LODA: únicamente, respecto de los actos y omisiones realizados en el ejercicio de sus cargos, y en relación con los daños causados, y las deudas contraídas, por actos dolosos, culposos o negligentes.

La presencia, o no, de la diligencia debida, debe ser valorada en cada caso concreto, atendiendo a las circunstancias concurrentes.

Mucho cuidado porque puede ser que la responsabilidad no sea solidaria o subsidiaria respecto de la del club, sino exclusiva de la Junta Directiva en cuyo caso operará directamente el artículo 15 de la Ley Orgánica y sólo en caso de que exista un seguro de RC que cubra a la Junta Directiva, responderá directamente esta en primer lugar.

¿Qué haríamos para evitar nuestra responsabilidad personal como miembro de la Junta Directiva? Mostrando nuestra oposición a la decisión o acto adoptado y solicitando que conste la misma en el acta.

De hecho, recientemente el Comité Galego de Xustiza Deportiva imputa responsabilidad a un club y solidariamente a su presidente por no tramitar el seguro de accidentes para los participantes en una actividad de montaña, lo que supone una irregularidad respecto de la Ley del deporte de Galicia 3/2012, por no tramitar el seguro y poner en riesgo a los participantes, así como una negligencia por parte de su presidente.

Alejandro López Sánchez

Abogado – Master en Derecho de Montaña / Master en Derecho Deportivo

CIV Consulting / Lopez Sánchez Abogados

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¿Qué debo tener en cuenta a la hora de contratar un seguro con una Federación Deportiva?

Llega el 2018 y con él la nueva oferta de licencias federativas por parte de las Federaciones Autonómicas. Ciertamente, se hace un gran esfuerzo por tratar de captar federados con la excusa del beneficio de un seguro deportivo que cubra nuestras actividades en la montaña.

A razón de esta situación, hace unas semanas, desde este blog sacamos adelante una encuesta sobre “hábitos federativos” que, tras 241 respuestas (de las cuales las especialidades más practicadas son el montañismo, escalada y senderismo, por este orden) ha arrojado unos resultados que eran los esperados:

  • El 78,8% de los federados asegura federarse por “el seguro federativo”, y tan solo el 9,8% del total, lo hace por las prestaciones ofrecidas por las federaciones.
  • El 57,70% de los encuestados no ha hecho nunca uso del seguro.
  • El 34,1% cree que el sistema de asistencia del seguro es ágil y sencillo.
  • El 90,5% nunca ha visto rechazada la cobertura.
  • El 44,8% nunca ha leído la póliza.

De los anteriores datos nos vamos a quedar con el último, quizá el que resulta más preocupante por una sencilla razón: debemos saber lo que estamos contratando.

Las Federaciones deportivas (tanto las nacionales como, generalmente, las autonómicas) tienen la obligación legal de cubrir a sus federados con un seguro deportivo obligatorio que cumpla con unos mínimos legales. Curiosamente nadie se para a pensar que, generalmente, este seguro es obligatorio para competición y entrenamiento, pero no para actividades de ocio, como suelen ser la mayoría de las que realizamos en la montaña. Es por eso que, este seguro obligatorio se ha convertido en una especie de seguro voluntario en el que las Federaciones actúan como meros intermediarios /agentes de seguros entre el deportista y la compañía.

Es por ello que muchos seguros se alejan de las prestaciones mínimas obligatorias y otros, en cambio, las cumplen a raja tabla, por lo que es imprescindible saber qué contratamos y con qué coberturas.

Saliendo al paso del eterno debate de si es necesaria la obligatoriedad del seguro deportivo, posicionándome claramente ante la NO necesidad del mismo, es el momento de analizar qué debemos estudiar de la póliza para evitar problemas de cobertura y obtener un seguro eficiente y adecuado a nuestras actividades, sea contratado a través de una federación o de forma particular:

  • Cobertura sanitaria mínima: se trata, quizá, de la cobertura principal de este tipo de seguros. No olvidemos que si desarrollamos actividad de forma autónoma, fuera de un ámbito organizado (evento, competición, actividad profesional), la cobertura de asistencia sanitaria puede venir prestada con cargo a la seguridad social. Al contrario, si lo hacemos en un ámbito organizado debemos contar con seguro de accidentes. Es por ello que, generalmente, el seguro de accidentes federativo es un seguro añadido y a mayores de la asistencia de la Seguridad Social, pero no podemos evitar pedir unos mínimos: cobertura ilimitada en centros concertados con la compañía, 60.000 en centros no concertados y 60.000 en el extranjero. Esto sería lo ideal.
  • Cobertura indemnizatoria: se trata de la cobertura estándar para cubrir posibles indemnizaciones por pérdidas funcionales, anatómicas y de fallecimiento. Las coberturas suelen ser estándar y aquí poco podremos pelear.
  • Cobertura por responsabilidad civil: una de las coberturas más novedosas y útiles para el caso de que formemos parte de un club y tomemos capacidades organizativas, pues no estará de más tener un seguro de RC (no profesional) que cubra posibles daños a terceros derivados de culpa o negligencia. Cobertura mínima 150.000 euros.
  • Cobertura por rescate: tras el cobro de rescate en mucha CCAA, es recomendable tener una cobertura por rescate de, al menos, 6.000 euros. Debe incluir el rescate y el traslado a hospital y domicilio.

Además de las coberturas, uno de los puntos que más debemos tener en cuenta a la hora de contratar un seguro deportivo de este tipo, son las exclusiones. Muchos seguros excluyen determinadas actividades que son, precisamente, la que más realiza el deportista. Ojo con las modalidades deportivas incluidas y las excluidas porque puede dar lugar a problemas de cobertura en el futuro. Veamos cuales son las exclusiones más conflictivas y las que más debemos tener en cuenta:

  • Actividades organizadas: si contratamos un seguro deportivo federativo o particular, pensado para nuestras actividades, la póliza debe estar destinada a actividades deportivas de este tipo y no solo a las federadas, a las que estén incluidas en el calendario oficial o a las organizadas por la federación. Esta exclusión que parece absurda, se mantuvo en algunas pólizas hasta el año 2016.
  • Actividades círculo polar y media/baja montaña: mucho ojo con las exclusiones por categorías. Generalmente, las pólizas suelen estar clasificadas por actividad o país de destino, pero existen conceptos indeterminados. El más claro es el del círculo polar. Para poder realizar actividades en el círculo polar necesitaremos la cobertura más amplia y más cara (tomando por ejemplo las pólizas federativas). Curiosamente muchas ciudades de la península escandinava, a efectos del seguro, entran dentro del círculo polar por lo que, por ejemplo, para ir a Tromso a hacer esquí de travesía, necesitaríamos la póliza más amplia.
  • Lesiones no accidentales: ojo con las lesiones deportivas que no provengan de un accidente. En ocasiones las compañías exigen, para dar cobertura, una primera asistencia de urgencia. Al ser una póliza de accidentes no cubre lesiones crónicas o, incluso, hasta hace poco tiempo, edemas, pérdidas o extravíos, golpes de calor, hipotermias. Parece que este año las compañías se han adaptado a las nuevas exigencias, pero por si acaso, tengamos mucho cuidado con algunas de estas exclusiones.
  • Centros concertados: debemos tener mucho cuidado al seleccionar el lugar donde nos federamos, pues algunos seguros federativos únicamente tienen centros concertados en su ámbito geográfico de influencia, pudiendo no dar cobertura (salvo la urgencia) en otras CCAA.
  • Países en conflicto: la exclusión típica respecto de EEUU, Canada y México se amplía a países en conflicto (los que están en la lista del Ministerio de Asuntos exteriores). Preguntemos antes de contratar, pues muchos de los destinos montañeros están, precisamente, en estos lugares: Pakistán, Uganda, Indonesia, Mali, Kirguistán, etc.

En definitiva, no podemos olvidar que muchos de nosotros nos adscribimos a una Federación únicamente para obtener un seguro, por lo que aquella no está sino actuando como un agente de seguros frente a la compañía. Si salimos a la montaña no es necesario federarse pero es casi imprescindible tener un seguro que cubra, sobre todo, la asistencia sanitaria de urgencia y el rescate en lugar remotos, lo hagamos por nuestra cuenta, con la correduría de nuestro barrio o con un ente Federativo. En todo caso, lo contratemos de una u otra forma, no olvidemos leernos la póliza y tener en cuenta las anteriores, y otras, consideraciones.

Alejandro López

Abogado – Máster en Derecho Deportivo – Máster en Derecho de Montaña.

Abogados especialistas en actividades de montaña

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