Responsabilidad en la gestión de rocódromos

Hace meses me lancé a escribir un post sobre los requisitos legales para la instalación de un rocódromo, pues bien, desde aquel lejano análisis la proliferación de rocódromos (tanto privados, como públicos, grandes o pequeños) ha tenido cierta repercusión, siendo muchas las consultas que me han llegado y varios los litigios que hemos tenido que resolver o a los que nos hemos enfrentado.

Partiendo de que tenemos funcionando nuestro rocódromo público, se trate de una instalación pequeña de un club o una gran instalación titularidad de una gran empresa (vamos a dejar esta vez de lado a las instalaciones que son titularidad de las administraciones públicas), la mayoría de las consultas vienen referidas a cuestiones que afectan a posibles RESPONSABILIDADES en la gestión.

Tratemos de analizarlas:

Partimos de la idea siguiente: una persona o entidad que, por acción u omisión cause un daño a una persona interviniendo culpa o negligencia, estará obligada a reparar el daño causado. Este principio contenido en el artículo 1902 del Código Civil recoge la idea fundamental de la culpa extracontractual, la que suele ser más habitual de percibir en el caso de que un usuario de nuestra instalación sufra un siniestro.

Cuando ofrecemos una instalación deportiva al público debemos tener presente que, lo hagamos con ánimo de lucro o no, debemos tomar todas las medidas necesarias para evitar que los riesgos inherentes a este deporte puedan producirse. Esto implica tener en cuenta y adoptar todas las medidas de seguridad necesarias (las que sean legalmente exigibles y las que no) para evitar que los usuarios puedan lesionarse.

En el último año han entrado en mi despacho más de media docena de accidentes ocurridos en rocódromos en los que los usuarios habían sufrido lesiones de consideración por una mala gestión del mismo. La evitación del siniestro, y en consecuencia, la evitación de la responsabilidad, se conseguiría adoptando las medidas de seguridad necesarias.

¿Cuáles son esas medidas?

La correcta colocación y estado de las colchonetas (en caso de Boulder) y, además, del material técnico de escalada (cuerdas, mosquetones, arneses, etc.).

La contratación de técnicos especializados.

La correcta instalación y homologación del rocódromo.

La correcta ubicación e instalación de las presas.

ETC.

Todas las medidas anteriores son ideas para minimizar la responsabilidad y favorecer la prueba de la diligencia, tendentes a evitar que puedan exigirnos responsabilidades por culpa o negligencia o por no haber sido capaces de gestionar de forma suficiente el riesgo de la actividad.

¿Quiénes?

Podrán ser responsables los titulares de la instalación, los encargados de la gestión, los técnicos o monitores, los directivos del club, etc.

¿Qué tipo de actividades?

La máxima diligencia se nos exigirá tanto en la gestión diaria de la instalación deportiva como en la que corresponda a la realización de una actividad o evento puntual, donde las medidas a adoptar deberán ser las máximas igualmente.

¿Cómo minimizarlo?

Además de adoptar todas las medidas de seguridad necesarias, será imprescindible (además, por así exigirlo la norma en determinados casos) contar con un seguro de responsabilidad civil de explotación o general que cubra la actividad, un seguro de asistencia sanitaria (para evitar que la seguridad social nos pase los gastos de asistencia médica) y entregar los contratos de consentimiento informado necesarios para dicha actividad. En caso de menores se hace necesario también contar con los consentimientos paternos.

¿Consecuencias?

Las consecuencias en caso de negligencia podrán ser, el pago de una indemnización (valorada según el baremo de accidentes de tráfico) o, en su caso, la posibilidad de verse inmerso en un juicio en vía civil (la mayoría de las veces) o en vía penal en caso de que existan lesiones u otros tipos penales en supuestos de imprudencia.

Como vemos no se trata de una cuestión baladí que deba ser tomada a la ligera, sino que el aumento de instalaciones de este tipo y el número de practicantes han hecho aumentar de modo considerable el número de reclamaciones, que en primer lugar pueden corresponder al seguro, pero que en otros casos pueden acabar derivadas a los tribunales, bien en vía civil o en vía penal.

Tratemos de evitar estos malos tragos tratando de gestionar nuestras instalaciones con seriedad, seguridad y responsabilidad.

Alejandro López

Abogado (Derecho y Montaña)

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Certificado médico en carreras por montaña: el debate… jurídico

www.trailrun.esHace unas semanas la revista Trail Run (www.trailrun.es) publicaba un interesante artículo sobre la conveniencia o no de exigir certificados médicos en la carreras por montaña. Este artículo daba la visión de dos expertos en torno a la necesidad de que los organizadores conocieran el estado físico de los corredores antes de “autorizar” su participación.

Entre otras cuestiones se señalaba lo siguiente: “¿Con ese documento la organización del evento tiene la espalda cubierta? Evidentemente no. El descargo de responsabilidad, bien redactado, no desinhibe de responsabilidad a nadie, pero sí que ampara al organizador, además, no garantiza que todos los participantes están en óptimas condiciones de realizar un esfuerzo titánico. Por eso es necesario volver a poner el foco de la cuestión en el sentido común, buena fe y sensatez de los participantes inscritos.”

Voy a tratar de dar una opinión que ya di en algún que otro foro y que tiene que ver precisamente con eso, con la responsabilidad tanto del organizador como del deportista.

Vamos a partir de dos afirmaciones categóricas y que ya se recogían en el referido artículo: en primer lugar, no existe normativa específica que obligue a los organizadores a requerir el certificado médico en España, y en segundo lugar, el “descargo de responsabilidad” (más bien, contrato de consentimiento informado) no exhime de responsabilidad al organizador.

Visto lo anterior ¿Qué impacto jurídico sobre la responsabilidad del organizador tiene o no exigir un informe médico?

1.- Si bien es cierto que las cláusulas de exención de responsabilidad son nulas de pleno derecho, la firma de contratos de prestación de servicios y de consentimiento informado no sólo son importantes sino que devienen fundamentales para poder determinar hasta donde llega la asunción del riesgo del corredor y la responsabilidad del organizador.

El problema se circunscribe a  que cuanto mayor conocimiento adquiere el organizador sobre las circunstancias personales del corredor, mayor responsabilidad asume. Si un corredor comunica sus problemas físicos o posibles dolencias a la organización de la carrera, esta tendrá que tomar las medidas oportunas para garantizar la seguridad del corredor. Imaginemos que ocurrirá en el caso de carreras de miles de personas.

¿Está capacitado el organizador para garantizar hasta tal punto la seguridad del corredor afectado de determinadas dolencias o, por el contrario, recibir informes médicos supondrá dejar sin participación a muchos corredores?

2.- Tal y como ocurre en países de nuestro entorno, con mayor historia en la organización de eventos deportivos en el medio natural y de resistencia, debiera ser el propio ciudadano el que se responsabilizara de sus actos y asumiera el riesgo de participar en una carrera (o no), con determinados problemas físicos que limiten su capacidad.

A nuestro modo de ver, el incremento de incidentes graves (mayormente los que conducen a paradas cardiorrespiratorias) tienen que ver con una clara negligencia por parte del corredor. Este tipo de incidentes se evitarían en su medida con una mayor concienciación de la población y con exámenes y chequeos periódicos.

Entendemos que todo ello no se evitaría con el aporte de informes que, en su mayoría, son elaborados “ad hoc” y que únicamente incrementan el deber de diligencia de la organización, sin perjuicio de que, para determinados casos y en supuestos excepcionales, sea útil contar con un informe de un determinado corredor que garantice su concreta asistencia en caso necesario.

La exigencia de certificados médicos supone actuar en consecuencia, para el organizador tomando las medidas o limitando la participación y, para el caso de los corredores, ser consecuentes y asumir sus limitaciones.

¿Estamos preparados para ello? En cuanto no asumamos nuestras responsabilidades como ciudadanos, yo por mi cuenta, seguiré defendiendo la no necesaria aportación de informes médicos.

Alejandro López

Abogado

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Olimpismo, medallas y montañas

La escalada en rocódromo nació como un método de entrenamiento y se ha convertido en una modalidad deportiva que nada tiene que ver con el montañismo. Con la edad, la experiencia y sobre todo, las tertulias compartidas con gente que sabe mucho más que uno mismo, me voy dando cuenta de la realidad del deporte a nivel mundial y en España en particular.

Que el deporte es un negocio lo sabemos todos, aunque espectadores y deportistas nos ponemos la venda en los ojos por diferentes motivos. Los primeros por no querer despertar de un sueño de nacionalismo exacerbado que proyecta sobre terceros las ilusiones que nunca llegaremos a conseguir, la del héroe nacional. Los segundos, los verdaderos titanes, por no darse nunca por aludidos por el menosprecio, el ninguneo político y social de muchas entidades, que abusan de su sacrificio para colgarse medallas que no les pertenecen.

Es el mundo que nos ha tocado vivir, y con el que convivirá la escalada, de alguna u otra forma, en Tokio 2020.

No nos engañemos, el deporte a nivel mundial se ha convertido en un espectáculo tratado de muy diversas formas en función del país en el que nos encontremos. Si al ver a China no podemos dejar de pensar en la disciplina férrea similar a la de la URSS en los años setenta, no es menos cierto que viendo a los EEUU se nos viene a la cabeza el gran apoyo universitario en forma de becas y ayudas personales que reciben los deportistas desde niños.

Pero ¿qué ocurre con España? En un país que vive del fútbol y del deporte espectáculo, en el que no se invierte en deporte y en el que se ningunea a los deportistas, no se puede pretender lo que no es posible. El único motivo de que haya “Belmontes y Cales” es exclusivamente mérito de los propios deportistas. Su sacrificio personal y económico, su fuerza de voluntad, su tesón y su valía física es la única causa de que España obtenga medallas ¿España? A pesar de que podamos criticar una competición (los JJOO) organizada por una entidad privada con criticables normas mercantilistas, lo cierto es que los juegos y las medallas motivan, medallas que son exclusivamente de ellos, y no del CSD, ni de los españoles ni de las Federaciones.

Un día como hoy, nos asomamos a las redes sociales de las entidades públicas y de federaciones y lo único que observamos son publicaciones de apoyo, de apropiación indebida de méritos ajenos, de orgullo patrio, de reconocimiento… ¿dónde estaban estas instituciones los cuatro años anteriores? ¿Qué suponen para el fenómeno deportivo de base? ¿Qué suponen para el deportista que, sin apoyos, debe pagarse en muchas ocasiones sus propios desplazamientos, entrenamientos y participaciones? Es lógico, solo interesa cuando se saca un rédito económico y político ¿de qué nos sorprendemos?

¿Qué ocurrirá pasados los JJOO? Lo mismo de siempre, nadie se acordará de Craviotto, de Carmona, de Portela y volveremos a los deportes que venden. Nunca seremos una potencia en gimnasia, en atletismo, en esquí… simplemente porque el deporte no interesa, a salvo de que nazcan nuevamente cien Mireias o doscientas Carolinas.

Pero entonces ¿Por qué nos interesa que un deporte sea olímpico? Es simple: por las ayudas económicas y el reparto de los fondos del CSD (por pocos que sean), y por la repercusión a nivel publicitario, de patrocinios y de mejora de instalaciones.

No podemos dudar de que esto puede llegar a beneficiar al deporte de base (que al fin y al cabo es lo que interesa), pero para ello, esas ayudas, esos proyectos deben repercutir realmente en el deportista.

Cuando uno es adolescente no tiene las ideas claras, aunque en el fondo sabe bien lo que quiere decir cuando enlaza una frase. Con 17 años me preguntaron si había escalado alguna vez, con total sinceridad mi respuesta no dio lugar a dudas: “sí, pero en una pared artificial”.

Ese “pero” y ese “artificial” diferencian radicalmente una modalidad deportiva de otra, una actividad de otra. Que la escalada sea olímpica beneficiará la creación de rocódromos (puede), favorecerá los patrocinios deportivos (a algunos), mejorará las ayudas económicas a las federaciones (veremos el reparto), pero el escalador romántico, el montañero de a pie, aquel que sigue soñando con altas montañas, seguirá pensando que SU deporte consiste en levantarse de noche y, desde el saco, seguir contando estrellas.

Alejandro López

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