Certificado médico en carreras por montaña: el debate… jurídico

www.trailrun.esHace unas semanas la revista Trail Run (www.trailrun.es) publicaba un interesante artículo sobre la conveniencia o no de exigir certificados médicos en la carreras por montaña. Este artículo daba la visión de dos expertos en torno a la necesidad de que los organizadores conocieran el estado físico de los corredores antes de “autorizar” su participación.

Entre otras cuestiones se señalaba lo siguiente: “¿Con ese documento la organización del evento tiene la espalda cubierta? Evidentemente no. El descargo de responsabilidad, bien redactado, no desinhibe de responsabilidad a nadie, pero sí que ampara al organizador, además, no garantiza que todos los participantes están en óptimas condiciones de realizar un esfuerzo titánico. Por eso es necesario volver a poner el foco de la cuestión en el sentido común, buena fe y sensatez de los participantes inscritos.”

Voy a tratar de dar una opinión que ya di en algún que otro foro y que tiene que ver precisamente con eso, con la responsabilidad tanto del organizador como del deportista.

Vamos a partir de dos afirmaciones categóricas y que ya se recogían en el referido artículo: en primer lugar, no existe normativa específica que obligue a los organizadores a requerir el certificado médico en España, y en segundo lugar, el “descargo de responsabilidad” (más bien, contrato de consentimiento informado) no exhime de responsabilidad al organizador.

Visto lo anterior ¿Qué impacto jurídico sobre la responsabilidad del organizador tiene o no exigir un informe médico?

1.- Si bien es cierto que las cláusulas de exención de responsabilidad son nulas de pleno derecho, la firma de contratos de prestación de servicios y de consentimiento informado no sólo son importantes sino que devienen fundamentales para poder determinar hasta donde llega la asunción del riesgo del corredor y la responsabilidad del organizador.

El problema se circunscribe a  que cuanto mayor conocimiento adquiere el organizador sobre las circunstancias personales del corredor, mayor responsabilidad asume. Si un corredor comunica sus problemas físicos o posibles dolencias a la organización de la carrera, esta tendrá que tomar las medidas oportunas para garantizar la seguridad del corredor. Imaginemos que ocurrirá en el caso de carreras de miles de personas.

¿Está capacitado el organizador para garantizar hasta tal punto la seguridad del corredor afectado de determinadas dolencias o, por el contrario, recibir informes médicos supondrá dejar sin participación a muchos corredores?

2.- Tal y como ocurre en países de nuestro entorno, con mayor historia en la organización de eventos deportivos en el medio natural y de resistencia, debiera ser el propio ciudadano el que se responsabilizara de sus actos y asumiera el riesgo de participar en una carrera (o no), con determinados problemas físicos que limiten su capacidad.

A nuestro modo de ver, el incremento de incidentes graves (mayormente los que conducen a paradas cardiorrespiratorias) tienen que ver con una clara negligencia por parte del corredor. Este tipo de incidentes se evitarían en su medida con una mayor concienciación de la población y con exámenes y chequeos periódicos.

Entendemos que todo ello no se evitaría con el aporte de informes que, en su mayoría, son elaborados “ad hoc” y que únicamente incrementan el deber de diligencia de la organización, sin perjuicio de que, para determinados casos y en supuestos excepcionales, sea útil contar con un informe de un determinado corredor que garantice su concreta asistencia en caso necesario.

La exigencia de certificados médicos supone actuar en consecuencia, para el organizador tomando las medidas o limitando la participación y, para el caso de los corredores, ser consecuentes y asumir sus limitaciones.

¿Estamos preparados para ello? En cuanto no asumamos nuestras responsabilidades como ciudadanos, yo por mi cuenta, seguiré defendiendo la no necesaria aportación de informes médicos.

Alejandro López

Abogado

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Olimpismo, medallas y montañas

La escalada en rocódromo nació como un método de entrenamiento y se ha convertido en una modalidad deportiva que nada tiene que ver con el montañismo. Con la edad, la experiencia y sobre todo, las tertulias compartidas con gente que sabe mucho más que uno mismo, me voy dando cuenta de la realidad del deporte a nivel mundial y en España en particular.

Que el deporte es un negocio lo sabemos todos, aunque espectadores y deportistas nos ponemos la venda en los ojos por diferentes motivos. Los primeros por no querer despertar de un sueño de nacionalismo exacerbado que proyecta sobre terceros las ilusiones que nunca llegaremos a conseguir, la del héroe nacional. Los segundos, los verdaderos titanes, por no darse nunca por aludidos por el menosprecio, el ninguneo político y social de muchas entidades, que abusan de su sacrificio para colgarse medallas que no les pertenecen.

Es el mundo que nos ha tocado vivir, y con el que convivirá la escalada, de alguna u otra forma, en Tokio 2020.

No nos engañemos, el deporte a nivel mundial se ha convertido en un espectáculo tratado de muy diversas formas en función del país en el que nos encontremos. Si al ver a China no podemos dejar de pensar en la disciplina férrea similar a la de la URSS en los años setenta, no es menos cierto que viendo a los EEUU se nos viene a la cabeza el gran apoyo universitario en forma de becas y ayudas personales que reciben los deportistas desde niños.

Pero ¿qué ocurre con España? En un país que vive del fútbol y del deporte espectáculo, en el que no se invierte en deporte y en el que se ningunea a los deportistas, no se puede pretender lo que no es posible. El único motivo de que haya “Belmontes y Cales” es exclusivamente mérito de los propios deportistas. Su sacrificio personal y económico, su fuerza de voluntad, su tesón y su valía física es la única causa de que España obtenga medallas ¿España? A pesar de que podamos criticar una competición (los JJOO) organizada por una entidad privada con criticables normas mercantilistas, lo cierto es que los juegos y las medallas motivan, medallas que son exclusivamente de ellos, y no del CSD, ni de los españoles ni de las Federaciones.

Un día como hoy, nos asomamos a las redes sociales de las entidades públicas y de federaciones y lo único que observamos son publicaciones de apoyo, de apropiación indebida de méritos ajenos, de orgullo patrio, de reconocimiento… ¿dónde estaban estas instituciones los cuatro años anteriores? ¿Qué suponen para el fenómeno deportivo de base? ¿Qué suponen para el deportista que, sin apoyos, debe pagarse en muchas ocasiones sus propios desplazamientos, entrenamientos y participaciones? Es lógico, solo interesa cuando se saca un rédito económico y político ¿de qué nos sorprendemos?

¿Qué ocurrirá pasados los JJOO? Lo mismo de siempre, nadie se acordará de Craviotto, de Carmona, de Portela y volveremos a los deportes que venden. Nunca seremos una potencia en gimnasia, en atletismo, en esquí… simplemente porque el deporte no interesa, a salvo de que nazcan nuevamente cien Mireias o doscientas Carolinas.

Pero entonces ¿Por qué nos interesa que un deporte sea olímpico? Es simple: por las ayudas económicas y el reparto de los fondos del CSD (por pocos que sean), y por la repercusión a nivel publicitario, de patrocinios y de mejora de instalaciones.

No podemos dudar de que esto puede llegar a beneficiar al deporte de base (que al fin y al cabo es lo que interesa), pero para ello, esas ayudas, esos proyectos deben repercutir realmente en el deportista.

Cuando uno es adolescente no tiene las ideas claras, aunque en el fondo sabe bien lo que quiere decir cuando enlaza una frase. Con 17 años me preguntaron si había escalado alguna vez, con total sinceridad mi respuesta no dio lugar a dudas: “sí, pero en una pared artificial”.

Ese “pero” y ese “artificial” diferencian radicalmente una modalidad deportiva de otra, una actividad de otra. Que la escalada sea olímpica beneficiará la creación de rocódromos (puede), favorecerá los patrocinios deportivos (a algunos), mejorará las ayudas económicas a las federaciones (veremos el reparto), pero el escalador romántico, el montañero de a pie, aquel que sigue soñando con altas montañas, seguirá pensando que SU deporte consiste en levantarse de noche y, desde el saco, seguir contando estrellas.

Alejandro López

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Eventos deportivos y espacios naturales protegidos

Ayer día 16 de junio de 2016 tuvo lugar en Vigo, el I seminario de “Eventos deportivos y Espacios Naturales Protegidos” organizado por el PN Illas Atlánticas de Galicia, un punto de encuentro que sirvió para que técnicos, responsables de administraciones, deportistas, organizaciones, federaciones y demás, pudiéramos intercambiar opiniones sobre el futuro de este tipo de actividades en los ENP.

Partíamos todos de una idea clara: el incremento de los eventos deportivos en el medio natural ha sido exponencial en los últimos años. La respuesta a este incremento puede venir dada por muchos factores: estilo de vida saludable, modas, publicidad, o incluso, la intrínseca relación entre las redes sociales y el EGO de los deportistas que favorece la aparición de héroes que se afanan en destacar sus logros personales.

Otra de las ideas que parece obvia es que muchos de estos eventos se beneficias y se venden gracias al nombre y enclave de muchos ENP. Pensemos, por ejemplo, en los “ultras” que tienen como telón de fondo los Picos de Europa; cierto que se benefician de los desniveles y geografía, pero no es menos cierto que se venden gracias a la belleza de estos parajes.

Aprovechando que ha salido el tema de los Picos de Europa, nos preguntamos si la solución es la propuesta por el Parque (reducir el número de inscritos) o directamente anular o restringir el número de pruebas (como se proponía en Aragón recientemente, 1 prueba por provincia y día).

Parece claro que la solución pasa por el diálogo entre los actores implicado, el consenso y la regulación. Como ocurre por ejemplo en las islas ONS, la restricción del número de participantes (150), la restricción de fechas o la limitación del recorrido tiene como objetivo lo que es la base de los Parques Nacionales: la conservación de los valores protegidos.

Conseguir conjugar la práctica deportiva (protegida por el artículo 43.3 CE) y la defensa y conservación del medio ambiente pasa por sentar a la mesa a todas estas partes que ayer tuvimos un debate muy enriquecedor y aunamos esfuerzos para sentar una serie de directrices que esperemos puedan tener forma próximamente.

Algunas de las ideas propuestas giran en torno a lo siguiente:

  • Análisis de cada evento, cada prueba es diferente y cada lugar también.
  • Comunicar a los participantes del lugar donde se desarrollará la prueba, para que conozcan el medio.
  • Regular las pruebas en cuanto a participantes, recorridos y épocas en función de análisis concretos del posible impacto.

Uno de los temas más controvertidos es el referido a las autorizaciones (echando a un lado el manido Decreto 37/2014, que se refiere a las actividades deportivas – no eventos –  desarrollados en la red natura 2000), pues existe un pequeño caos y desconocimiento por parte de Administración y Organizaciones en los trámites necesarios para autorizar pruebas, en función de lugar de desarrollo (vía pública, montes comunales, etc.).

Será necesario constituir una forma única de autorización de este tipo de pruebas y concienciar a los organizadores que es necesaria una formación o asistencia técnica sobre los requisitos a cumplir para evitar responsabilidades.

El tema de la responsabilidad medioambiental es algo que no se tiene en cuenta a día de hoy. Los seguros de RC no cubren posibles daños medioambientales y es algo que debemos plantearnos de cara al futuro, pues no estaría de más que junto con los riesgos de explotación o profesionales se cubrieran posibles daños a estos hábitats ¿Subida de primas, quizá?

El conocimiento, el control y la educación ambiental pasan por participantes y organizadores haciendo posible el surgimiento de la figura (posible) del coordinador medioambiental, que junto con el director de carrera y el responsable de seguridad podrían ser los ejes sobre los que pivotara la organización del evento.

En todo caso, un futuro incierto que debe construirse sobre la base de unos pilares de diálogo sólidos y firmes que fomenten entre los jóvenes, sobre todo, el fortalecimiento de los valores deportivos, sociales y medioambientales que deben ir, obligatoriamente, de la mano.

Alejandro López

Abogado.