“Barefoot running” Minimalismo y responsabilidad de los organizadores de carreras

En el mes de octubre de 2015, en un viaje a Ecuador, coincidí con un corredor que descendía, descalzo, de la cumbre del Pasochoa a más de 4000 metros de altura, por un camino pedregoso y cientos de peligros objetivos. Le pregunté por qué corría descalzo. Me miró y, mientras seguía el descenso, simplemente dijo: “tienes que probarlo”.

La idea de este artículo nace ante las dudas planteadas durante los últimos meses por árbitros y organizadores de carreras por montaña, sobre la responsabilidad de éstos ante el creciente fervor por el minimalismo entre los corredores, sobre todo, de “trail running”.

A día de hoy el incremento de pruebas y participantes en España ha sido notable y que los riesgos asumidos y controlados tanto por corredores como por la organización en este tipo de pruebas supera en mucho los que se dan en otro tipo de carreras populares.

Cada vez son más los corredores que optan por el minimalismo a la hora de decantarse por un tipo de equipación para la participación en carreras por montaña. Tiene especial importancia el minimalismo relacionado con el calzado.

Recientemente se ha publicado el reglamento FEDME de carreras por montaña 2016 que, en su artículo 2.4.9, incorpora lo siguiente:

“Todos los participantes estarán obligados como mínimo a llevar el siguiente material: Zapatillas de trail running o calzado minimalista y alternativo con sus condiciones de uso, según se indica en el punto 4.2.2”

La FEDME incorpora en el anexo 2, un contrato de asunción del riesgo que debe ser firmado por el participante que corra con zapatillas minimalistas.

Las preguntas que se hace el colectivo de organizadores y responsables técnicos de carreras por montaña en nuestro país son las siguientes: ¿Debe permitir la organización participar descalzo o con zapatillas minimalistas? ¿Tiene responsabilidad la organización en el caso de permitir este tipo de prácticas?

Nos surgirá otro problema que dejamos para más adelante ¿qué es calzado minimalista o alternativo? ¿correr descalzo está permitido?

Al margen de otras cuestiones más o menos criticables, de la propia redacción del contrato, debemos analizar si este “contrato de asunción del riesgo” es suficiente para descargar de responsabilidad a árbitros y organización.

En primer lugar, no debemos confundir los contratos de consentimiento informado con las cláusulas de exención de responsabilidad (a pesar del dudoso título que la FEDME ha empleado en el anexo). Ésta segundas, tal y como ya señalamos en otros artículos, son nulas de pleno Derecho. Las primeras, en cambio, nacen de la legislación médica y contribuyen de alguna forma a probar que el participante asume el riesgo de la práctica deportiva y ha sido informado de todos los riesgos inherentes a la misma.

El que practica un deporte debe asumir las consecuencias inherentes al mismo, mas esto, debe ser matizado en aquellos casos en los que la caución del daño no viene motivada por el deporte en sí, si no por el estado de las instalaciones donde se realiza el mismo, o por la ausencia de las medidas de seguridad por parte de la organización (SAP Cuenca 154/2012 de 15 de Junio).

La práctica de la carrera de montaña, requiere, por los riesgos inherentes a la misma, un determinado material, el cual, como así aparece especificado en el reglamento de esta deporte, debe ser examinado por los jueces antes de iniciar una prueba de estas características. No olvidemos que, según el actual reglamento el uso de calzado minimalista está permitido (bajo condiciones).

Debemos analizar el conjunto de requisitos más generales para poder descender al supuesto en concreto:

1.- ¿Asume más o menos responsabilidad la organización por el hecho de exigir la participación con determinado material?

Es la eterna duda. No voy a dar mi opinión personal, sino la que se ofrecería desde un punto estrictamente jurídico: los ciudadanos, por el hecho de tener capacidad de obrar y jurídica plena asumimos una serie de responsabilidades consustanciales con nuestra propia naturaleza. Es decir, no somos seres inertes que “estamos por estar”. El hecho de que no se nos obligue a llevar determinado material no supone que no sea recomendable llevarlo. El problema quizá sea de origen, es decir, actuamos de determinada forma únicamente porque nos obligan… ¿qué ocurriría si no  estuvieramos obligados a ello?

Si el uso de ese material no viene obligado por motivos estrictos de seguridad real (pensemos en la exigencias de uso de EPIs en construcción), el mismo no tendría por qué ser obligatorio.

Venga o no obligado su uso en el reglamento, el hecho es que si la organización lo exige, está obligada a controlarlo, es decir: asume más riesgos y responsabilidades.

2.- ¿Sería, por lo tanto, suficiente para eximir de responsabilidad a la organización con que un participante firme un contrato de consentimiento informado para evitar el uso de material obligatorio?

Siempre que podamos asegurar que el uso de determinado material (por ejemplo, calzado minimalista) no incrementará el riesgo del resto de participantes, y siempre que el participante haya asumido el riesgo, participe voluntariamente y conozca las consecuencias de sus propios actos, entendemos que la firma de ese contrato de consentimiento informado eximiría de responsabilidad a la organización por este hecho, con los matices ya comentados en caso de falta de diligencia.

3.- ¿Y si por ese motivo se incrementan otros riesgos?

Si por el hecho de participar sin determinado material se incrementara el riesgo del resto de participantes, la organización podría responder si no hubiera informado a todos ellos y éstos no hubieran aceptado correr bajo dichas circunstancias.

Pongamos por ejemplo, el futbolista que compite con calzado no reglamentario. Si es una regla del juego por todos conocida y asumida, no existiría responsabilidad de la organización frente a ninguno de los participantes.

 

La mayoría de las marcas de running y trekking actuales han dado un cambio drástico en la producción de material, pasando de fabricar un calzado que tendía a paliar el impacto que sufre el cuerpo en cada zancada de carrera, mediante la inclusión de cámaras de aire, suelas patentadas de todo tipo como puede ser la Zoom de Nike, la Lunarloon u otras semejantes, a un calzado cada vez más minimalista, con un drop prácticamente de cero.

Si bien es cierto que muchas de las zapatillas utilizadas en la práctica deportiva, actualmente no son las reglamentarias, el hecho de que un participante utilice dicho material no puede traducirse en un aumento de la responsabilidad de la organización, sino que partiendo de que dicha organización considera no reglamentario (o reglamentario con condiciones) este material, pero conoce que existe una habitualidad, cada vez mayor en el uso del mismo, deberá comunicar la existencia del riesgo de realizar este tipo de actividad bajo estas circunstancias.

Realizada dicha comunicación, el participante podrá asumir o no el riesgo siendo únicamente responsable él mismo en tanto que la organización ha actuado con la diligencia debida, ocasionandose en caso de accidente una culpa exclusiva de la víctima.

Un supuesto similar puede ser el contenido por la sentencia del TS de 18 de marzo de 1999. En la estación de Candanchú fallece una mujer tras, desatendiendo las indicaciones de los pisteros, y junto con otras dos amigas se desliza por una de las pistas en un plástico a gran velocidad, llegando a impactar contra una de las casetas a pie de pista que contienen un transformador eléctrico.

El Tribunal Supremo señala que, en tanto que el complejo deportivo actuó con la diligencia debida y advirtió a los usuarios accidentados previamente del peligro que comportaba la práctica que estaban realizando, dicho siniestro se produce exclusivamente por culpa de la víctima.

Debe, por lo tanto, la organización del evento comunicar al participante las características de la prueba y la dureza que conlleva la no utilización del material indicado, siempre y cuando la inobservancia de dicho material o ausencia del mismo no ponga en serio peligro la vida de la persona en caso de ocurrir un accidente.

Esto se hace actualmente con las zapatillas minimalistas (permitidas con condiciones: firmar el contrato), pero es cierto que nada impide que este supuesto cause un precedente respecto del resto del material que actualmente se exige como obligatorio en todo caso.

Aunque es totalmente incierto, el futuro podrá pasar por ampliar el contrato de asunción del riesgo a cualquier tipo de material o, incluso, sobre la base de nuestra propia responsabilidad “social” no exigir material alguno.

 

Este artículo ha sido redactado por Alejandro López (Abogado) en colaboración con David Rouco Pernas.

BarefootRunning

woman’s feet running on gravel road

Fuente: http://orthosp.com/barefoot-running-back-to-basics/

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Senderismo o Peregrinación: el curioso caso del camino de Santiago

Hace unas semanas tuvo lugar en Santiago de Compostela el I Congreso internacional del Camino de Santiago, denominado (vuelta con los anglicismos) “The Fair Way”.

Al mismo acudieron personajes y personalidades de muy diversos sectores y procedencias: cuerpos de seguridad del estado, políticos, hosteleros, peregrinos, economistas, famosos, españoles, franceses, alemanes, japoneses, y un largo etcétera. La idea era poner en común el estado actual del camino de Santiago a su paso por diversas CCAA del estado y los retos que le esperan al futuro.

El Congreso, al que pude acudir brevemente, tuvo un denominador común: la exaltación que hizo la Administración gallega sobre el impacto e interés socioeconómico que “el camino” tiene en el sector turístico de Galicia. Nada que objetar al respeto. Se trata de un reclamo turístico que se viene explotando desde la edad media.

Una vez señalado lo anterior, a la vista de la exposición realizada por el gerente de la entidad publica que gestiona todo lo que tiene que ver con el “XACOBEO”, tuve la oportunidad de realizar la siguiente pregunta:

  • ¿Considera usted que, sin perjuicio de los fines de peregrinaje o deportivos perseguidos por cada usuario/caminante, sería necesario que la Administración tuviera en cuenta la red de senderos del Camino de Santiago como lo que son? Es decir, ¿Debería la administración tener en cuenta que los peregrinos realizan actividades en el medio natural empleando para ello senderos custodiados/mantenidos por la Administración pública?

La respuesta era la esperada: el camino de santiago es mucho más que un sendero.

Señores de la Administración Pública y del Camino de Santiago, sin perjuicio de los muy respetables fines con los que cada cual realice la peregrinación a Compostela, no está de más darse cuenta de lo siguiente:

  • El peregrinaje se realiza sobre senderos, esto es, caminos públicos explotados turísticamente por la Administración.
  • La Ley de Bases de Régimen local atribuye el mantenimiento de estos caminos públicos a las corporaciones locales, salvo atribución a otra Administración, como ocurre en la CA de Galicia al existir una Ley específica que obliga a la Comunidad Autónoma a vigilar el mantenimiento y señalización del Camino de Santiago a su paso por Galicia.
  • Los senderos son áreas de actividad terrestre a través de los cual se desarrollan actividades “deportivas” consideradas “de riesgo” por nuestros Tribunales, por lo que la labor de mantenimiento y señalización debe ser estricta.

La policía nacional, la Guardia Civil y Protección Civil, en el referido congreso, coincidieron en señalar que la señalización actual del camino de Santiago es escasa y está mal mantenida, siendo éste uno de los motivos más habituales de pérdidas, extravios y accidentes.

Señores de la Administración Pública, reitero que, sea cual sea el interés de cada uno en realizar el camino de Santiago, no debemos abstraernos con conjeturas y estar a la realidad de los hechos: el lugar de desarrollo de nuestra actividad y qué actividad estamos haciendo, que no es otra que caminar por un medio en ocasiones agreste y mal señalizado. No olvidemos a quién corresponde su mantenimiento y vigilancia.

No hay más ciego que el que no quiere ver.

Alejandro López

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Fuente: Fotonazos.net

Puenting Tarantino

Como si de un “film” satírico violento o una comedia burlesca, incluso semejante al esperpento “Valleinclanesco”, se nos presentan los accidentes en actividades deportivas de riesgo en los últimos tiempos, sobre todo las que tienen que ver con el medio natural.

La obligada disyuntiva jurídica y cinéfila entre buenos y malos, o “extramalísimos” y “superbuenérrimos”, ha llegado a las pantallas de la realidad. Cierto que teníamos bastante con los medios de prensa, con los profesionales acreditados, con los españoles de pito y tarjeta amarilla, hasta que se nos presenta el resto de la opinión pública. No es menos cierto que la opinión que ahora vierto no tiene más de cierto que el resto de ellas, pero ofrece una visión diferente.

Si nos queremos cargar al malo, porque ha sido malo, optaríamos por la solución fácil, que se contrarresta con el beneplácito otorgado al bueno, que siempre es muy bueno, sufre, es un reprimido social (un hombre de raza negra en los campos de algodón, o una pobre chica de amarillo que busca venganza, se me ocurre) y en la mayor parte de las ocasiones está desarmado o no tiene pajolera idea de usar una pistola.

Pero es que detrás de ese cabeza de turco, del protagonista, siempre está la organización criminal, y el bueno, que algo habrá hecho para merecer tanto mal (como decía Barón Rojo en los años ´80). Puede, incluso, que nos encontremos con alguien que se encontraba en el lugar equivocado en el momento equivocado, pero como dicen las madres ¿para qué te habrás metido a eso?

No excuso las voces que claman al cielo por una regulación estricta en determinadas materias. Imagino que sabréis por donde voy. De hecho creo que en los últimos años he sido uno de los más críticos con ciertas materias poco o mal legisladas en este país, e incluso sujetos que a pesar de vivir del turismo, lo han ido dejando de lado. Pero sí me parece justo otorgar una cierta duda a las diferentes versiones y ofrecer una objetiva, de la indudable pugna entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal.

Una Sentencia de un Juzgado de lo Contencioso Administrativo de Madrid de hace unos meses, venía a sentar precedente con una, sírvame la posibilidad de usar esta expresión, “perogrullada”: no se puede tener a los ciudadanos por incapaces, por seres que van por la vida como espectros inertes que arrastran los pies por la acera y no asumen ni el más mínimo peligro. Todo ello se refería a la reclamación que una señora interpuso frente a un ayuntamiento por haber tropezado con una baldosa que levantaba dos centímetros del nivel del piso. Lógico.

Pues bien. Viendo la “película de la semana” no daba crédito cuando oía que la causa de todo había sido un malentendido.

¿Un malentendido? Tim Robins casi pasa una cadena perpetua por un malentendido… aunque esta no es la cuestión.

Que la prensa señale como causa sine qua non la onomatopeya “ou” frente a “au”, me parece ante todo: sangrante. Cierto que a los españolitos de a pie siempre se nos han dado mal los idiomas, por eso no nos llaman para trabajar en la NASA, pero confundir un “NOW” con un “NO”… algo habrá que exigir al bueno, o a la organización… que para algo están.

Y es que no olvidemos dos cosas fundamentales: cierto que la seguridad jurídica debe ofrecerse al cliente (el bueno), cierto que el cliente espera recibir seguridad jurídica del técnico (el malo), pero no es menos cierto que, también el contratista principal (el feo) tiene que velar por que todo ello se lleve a cabo a en un ámbito de seguridad jurídica y práctica óptima, que para algo es el organizador principal y debe responder (1903 del Código Civil).

Sírvanos este filme para aprender y dar un par de capones a la administración, que nunca sabe nada cuando tienen miedo de su propio bolsillo, pero no confundamos las sanciones y reprobaciones administrativas (ahí viene el Ministerio de Fomento) con la estigmatización del malo de la película, porque a lo mejor el bueno no es tan bueno y el feo quizá lo sea un poco más.

Y no olvidemos una cosa, si entramos en un bar de carretera que abre hasta el amanecer, quizá debamos poner algo por nuestra parte, porque como dice tu abuela: “eso te pasa por meterte donde no te llaman”.

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